Como no asistí a clases durante la segunda quincena de enero, me acerqué lentamente a la puerta de la escuela, practicando el andar sigiloso que el maestro nos había enseñado. Tendría que haber imaginado que me estaría esperando, listo para castigar mi holgazanería. Iba a empujar la puerta pero algún chupamedias la abrió por mí, dejando el paso libre al venerable maestro bloguer que sostenía una hermosa naranja en la mano. Hizo una reverencia y me la tiró a la cabeza, y en una fracción de segundo tuve que decidir si en este post me abandonaría la suerte y me partiría la cabeza de un naranjazo, si la esquivaría como aquella vez que me tiró con el mouse o si, tal como ocurrió, la cabeceraría basándome en el principio lógico-aéreo de Franco Niell que nos habían enseñado en la clase de pingback, o de pingpong, la verdad no me acuerdo. Di un gran salto y el cabezazo, seguro de que el maestro bloguer recogería la naranja con el empeine y la descosería, como hacía siempre con los routers que le mandaban de regalo las empresas interesadas en auspiciar este espacio.
Pero no ocurrió, o si ocurrió no tuve tiempo de verlo porque un sonido atronador empezó a sacudir las paredes de la escuela. Todo vibraba. Mis compañeritas bloguers empezaron a gritar histéricamente pero una de ellas opacó a las demás. Todos volteamos las cabezas a donde ella miraba, la ventana que da al norte: una enorme pupila se movía bajo una ceja peluda, mientras la tierra temblaba. Como pude me acerqué a la ventana para ver qué era.
-¡Vengan a ver! -grité.
Por supuesto nadie me hizo caso, salvo el venerable maestro bloguer que avanzó bailando al ritmo del terremoto, mientras tarareaba no sé qué cosa. Miró por la ventana, se volvió y dijo a la clase:
-No se asusten, es un gigante. Ustedes lo conocen.
¡Y yo les había creído a los historiadores cuando decían que las historias sobre gigantes recopiladas por los conquistadores en este país eran mentiras!
-Si no me equivoco -dije para calmar los ánimos- el grandote tiene una camiseta con el logo de Google ™.
Para qué habré hablado. El griterío se hizo insoportable. El venerable maestro bloguer me arrojó un celular y me gritó:
-Rápido, llamá al blog de Florkey y decile que nos manden un avión para rescatarnos. Yo voy a entrentener al grandote.
Vi qu el maestro le apuntaba con la naranja buscando el mejor ángulo; no parecía muy preocupado. Llamé, pero nadie me atendía.
La bloguer petrificada recuperó el habla y dijo:
-Florkey se mudó de blog. Además ya no se llama más Florkey, se llama…¿Cómo se llamaba el perro de Susana Giménez…?
El venerable maestro bloguer interpretó los datos, sacó otro celular de su kimono, marcó un número y subió el volumen del teléfono para que todos pudiéramos escuchar. Obviamente nos estaba dando material para próximos posts , en caso de que saliésemos vivos.
-Hola Florkey -dijo el venerable maestro bloguer-. ¿Está por ahí tu mami…? Tengo un problema.
-Mi mamá no está -dijo-. Se fue a la peluquería. Mañana tiene una reunión con unos gremialistas.
-Pobre -dijo el maestro-. Bueno, llamalo al papi entonces.
-Mi papá se fue a La Rioja a visitar a un amigo.
-¿Che decime cuándo laburan tus viejos? No importa, que alguien nos mande un avión para rescatarnos, hay un terremoto.
-No va a poder ser -dijo Florkey soltando una risita-. El Tango 01 está en reparación y el Tango 02 salió a buscar a la Mona Jiménez para que venga a cantar a casa.
-¡La Mona Jiménez!- dije repitiendo el insulto y el maestro me hizo señas de que bajara el tono, moviendo la mano al estilo pseudoegipcio del cuartetero.
Un helicóptero o avión de rescate -no se veía muy bien qué era- llegó de inmediato, y pensé que teníamos suerte hasta que vi que nos arrojaban una piola toda deshilachada; uno por uno trepamos, balancéandonos en el aire, mientras varios socorristas, desde el avión, tiraban del otro extremo. El avión cobró altura mientras la figura del grandote empequeñecía; juraría que nos hacía gestos obscenos. Nos alejamos raudamente, mientras el piloto aguardaba indicaciones sobre el rumbo a seguir. Se oyó una voz metálica: - Corea del Sur.
Todo marcharía bien si podíamos mantener la altura, a salvo del grandote que ya se había convertido en una mancha, y asi lo hicimos por un rato. Pero de pronto piloto y copiloto se miraron y enseguida todos lo vimos. Frente a nosotros, ocupando toda la ventana del avión, la gigantesca cabeza de otro grandote, con marcados rasgos asiáticos y una camiseta que decía: Naver.
-Propongo que nos asentemos un rato sobre la cabeza del grandote así ahorramos combustible -sugirió el venerable maestro blogger.
El piloto y el copiloto se miraron y en silencio asintieron. Por un momento gozamos de estabilidad, pero se ve que al grandote le picó la cabeza y empezó a rascarse; sólo una hábil maniobra del piloto nos salvó la vida.
Tags: Argentina, escuela de blogers, gigante, leyenda, monopolio, naranjas
Esta entrada fue publicada el 21 02 2008 a la hora 6:49 am en la categoría Escuela de Bloggers. Puede seguir cualquier respuesta a esta entrada a través del canal RSS 2.0 Puede dejar una respuesta , o hacer trackback desde su sitio.
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