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Ciencia ficción, Filosofía.

Si para un antiperonista no hay nada mejor que otro antiperonista, a nadie debería haber sorprendido que La Nación publicara los Consejos al presidente Obama del filósofo argentino Mario Bunge, consejos absolutamente sensatos, tan extremedamente sensatos que, si fueran a ser tomados en serio, resultarían impracticables.

Estos sensatos y poco realistas consejos provocaron las iras de buena parte de los lectores de La Nación, que al parecer no estaban muy enterados  de algunos hechos básicos, como que Bunge además de antiperonista es científico y socialista, que además de ateo es, según su propia definición, un realista metafísico y que su estilo, siempre inteligente, vehemente y ligerísimamente sarcástico, es el mismo del “novedoso” artículo donde aconseja a Obama. Tampoco estaban enterados, evidentemente, de que su adhesión al realismo no incluye a la política, convencido de que el supuesto realismo en política deriva en cinismo.

Estos consejos a Obama no son más que una anécdota; no hay que darles demasiada importancia. Lo bueno es que podrían tener el efecto secundario de que algunos lectores se interesaran por la filosofía o, incluso, por la obra de Bunge. En ese caso, se puede empezar leyendo una jugosa entrevista que Jorge Fontevecchia le hizo a Mario Bunge, de la cual podrían rescatarse muchas opiniones, entre ellas:

Por ejemplo, en este conflicto que tiene el Gobierno, la mayor parte de mis amigos y mis parientes están del lado del llamado campo. Pero un grupo de mis parientes cree que no tiene razón el campo porque, simplemente, se niegan a pagar un impuesto que debieran pagar. A los dirigentes del llamado campo no les molestó ninguna de las barbaridades que hizo el gobierno de Menem, y ninguno de ellos estaría dispuesto a salir a la calle a protestar por los salarios o por las condiciones de sobreexigencia de los maestros, por ejemplo. —¿Por qué cree que sus allegados son tan críticos de Kirchner? —Me han hablado horrores de uno de los ministros de Kirchner. Es más, anoche uno de mis parientes me dijo: “Volvé, Menem”. Creen que es aún peor este gobierno que el de Menem. Yo lo dudo.

Quien lea completa la entrevista, descubrirá algo extremadamente notable. Sin dejar de criticarlos en ningún momento, Bunge siempre reconoce los méritos y aciertos de sus enemigos. Un antiperonista -más tratándose de alguien que fue directamente perjudicado por el peronismo- capaz de reconocerle algunas cosas buenas al peronismo es algo que excede la capacidad de raciocionio del argentino medio, ya sea peronista, antiperonista o periodista. Es posible que las terribles objeciones que Bunge hace al peronismo sean verdaderas (por ejemplo, que Perón manipuló a los trabajadores, algo que haría temblar de horror al peronista menos fanático), pero del mismo modo pueden ser verdaderos los logros que le reconoce. Él mismo no parece muy seguro y sugiere estudiar la política argentina con la ayuda de sociólogos.

Esta capacidad de ejercitar el pensamiento crítico sin dejarse confundir por ideologías sólo puede resultarnos asombrosa por su inexistencia entre los “formadores” de opinión -algunos de ellos periodistas- y entre sus permanentes huéspedes, los políticos. Quizás exista una clase embrionaria de opinadores de este tipo entre los taxistas, pero no sabemos hasta qué punto cambian de opinión con cada pasajero.

Para terminar, demás está decir que el realismo profesado por Bunge está lejos de ser mágico, al menos desde su punto de vista, pero no desde el nuestro, porque no por casualidad es integrante del CSICOP, que se dedica a refutar afirmaciones de tipo paranormal, ante cuyo jurado debió comparecer Chris Carter, el creador de los X-Files. Bunge no sólo descree de la parapsicología, sino de la psicología, al menos en lo referente al psicoanálisis freudiano. Lo cual es una prueba más de su sensatez. Pero a veces la sensatez es agobiante, incluso para los científicos. Y es por eso que frecuentemente se dan saludables consejos unos a otros, como cuando el gran físico danés Niels Bohr le aconsejaba a otro grande: “Einstein, deje de decirle a Dios lo que tiene que hacer”. Por eso para Bunge, un pensador de la ciencia, dar consejos es algo perfectamente natural. Lo hace de buena onda, digamos.

Es una pena que Bunge se haya olvidado de aconsejar a Obama que le consiga un trabajo a su hermano (al hermano de Obama, no de Bunge), que vive en una choza, avergonzado de su apellido, con menos de un dólar por mes.

Nota relacionada:

X-Files, Chris Carter y los escépticos

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Esta entrada fue publicada el 22 01 2009 a la hora 7:40 am en la categoría Ciencia ficción, Filosofía. Puede seguir cualquier respuesta a esta entrada a través del canal RSS 2.0 Puede dejar una respuesta , o hacer trackback desde su sitio.


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