Todo el mundo comentó o reprodujo la noticia del tipo que demandó a Google por unos 700 dólares y pico y ganó. No vamos a repetir esta historia pero, sólo para ponerla en contexto, digamos que Aaron Greespan, como les ocurre a otros diariamente, recibió un email de Google informándole que su cuenta de AdSense quedaba suspendida por significar un riesgo para los anunciantes. Es una frase típica que Google dice en sus cartas de despedida. Cuando alguien es expulsado de AdSense, todos los ingresos obtenidos hasta ese momento son, supuestamente, reembolsados a los anunciantes, de modo que, en teoría y hasta ahora, ese dinero no podía ser reclamado y se perdía de vista. Como Greespan también era anunciante de AdWords, pidió que le devolvieran el dinero, pero no tuvo suerte.

Greespan admite no haber entendido los términos y condiciones del servicio y utilizado  AdSense para contenido en un sitio sin contenido, cosa expresamente prohibida por los términos del contrato. Los dominios aparcados, que son sitios sin contenido, pueden no obstante utilizar anuncios AdSense para dominios. Qué diferencia puede haber entre una página en blanco que muestra anuncios y anuncios mostrados en una página en blanco es un tema sujeto a discusión -la mayoría no sabrá distinguir si los anuncios son para dominio o para contenido y ninguno aporta valor para el usuario-, pero queda fuera de toda duda que existen AdSense para dominios y AdSense para contenido y que el último no puede aplicarse a sitios sin contenido, cosa que el bueno de Greespan hizo.

En una palabra, Google obraba en su pleno derecho cuando lo expulsó y no tenía por qué darle mayores explicaciones. Podría haberlas dado pero, existiendo una demanda, cualquier explicación hubiera podido ser usada en su contra y, algo mucho más grave, sentar un precedente. Greespan ganó el juicio porque la abogada se limitó a repetir la cláusula del contrato que autoriza a Google a terminarlo unilateralmente por la razón que sea. El juez le preguntó la razón pero como ella no la sabía, entendió que Google debía pagar a Greespan el dinero adeudado. Una escena casi irreal: la abogada pregunta qué pasaría si todo el mundo se decidiera a demandar a Google por la misma causa. El juez imprime la resolución con una de esas malditas impresoras de matriz de punto que nos taladraban los oídos en los ochenta y se levanta la sesión. Todo esto según el artículo de Greespan, a quien no le creemos absolutamente nada.

No se ha insistido suficientemente en el caso de Greespan -o no se ha mencionado siquiera- que se trata del mismo sujeto que pretende haber inventado Facebook (otro más) y acusa a Mark Zuckerberg de robarle ideas. Resulta extraño que después de tanto tiempo no lo haya demandado y se haya limitado a escribirle una carta abierta muy irónica haciéndose el buenito, donde le recuerda que él inventó todo, además de darle interesantes consejos, a saber, que venda Facebook a Yahoo! Si usted fuera Google, ¿no querría sacarse de encima a un tipo tan problemático por tan sólo setecientos veintiún dólares? Y de paso desligarse de un asunto con un ligero pero persistente olor a Facebook.

Por esas ironías del destino en el margen derecho de la página de The Huffingtonpost donde aparece el artículo de Greespan jugando el papel de víctima, y como jocosamente observa alguien en los comentarios, tambien está (estuvo hasta hace pocas horas, pero la web es así) la noticia de Pamela Anderson a quien se le escapó, durante un desfile de la Fashion Week de París, (parte de) el seno izquierdo, lo cual nos lleva directamente a otro caso cercano en el tiempo pero alejado en el espacio: el caso de un desterrado de AdSense por culpa de unos pocos, o mejor dicho muchos, pares de simples e inofensivas tetas. Las mismas glándulas mamarias que todo el staff de Google debe haber chupado con fruición cuando pequeños y que, sin lugar a dudas, los hizo tan inteligentes. Al menos se supone que ese es el efecto de la buena leche.

Quienquiera aprender buenos modales y objetividad periodística puede estudiar estas virtudes en Mangas Verdes, y esto hace que su expulsión del programa publicitario de Google sea aun más lamentable. En su web pueden leer detalladamente el caso y otras cosas interesantes, pero lo que pasó, en síntesis, es que Google sugirió a Mangas Verdes que quitara un video publicitario de una de sus páginas. Se trata de un anuncio para una lavadora de Siemens, que muestra a un nutrido grupo de mujeres que suben a un avión y por alguna razón incomprensible quedan con las tetas al aire, luego de lo cual se arrojan en paracaídas y forman en el cielo, con sus cuerpos -incluyendo las tetas- el nombre de la lavadora. Un anuncio poco original y poco sorprendente que hubiera hecho furor durante las olimpíadas de China, pero que no es ofensivo ni encierra mayores peligros para la moral de nadie, y es justo señalar, en defensa del anuncio, que las mencionadas tetas incluyen variadas razas, tamaños y colores.

Mangas Verdes consideró que se estaba cercenando su libertad de expresión y que la medida resultaba arbitraria porque el mismo video sigue mostrándose en muchas otras páginas que usan AdSense, no quitó el video y rompió con Google. Posición, por cierto, respetable, pero que nos lleva a realizar un par de necesarias observaciones.

Tal vez no sea Google directamente quien esté cercenando la libertad de expresión de Mangas Verdes. Es mucho más probable que esté actuando presionado por algún anunciante. (Precisamente el argumento de Google fue que el video los exponía a demandas por parte de sus clientes). No cualquier anunciante, sino alguno de esos peces gordos a los cuales ni los medios de comunicación -periódicos, radios, canales de televisión - ni grandes empresas como la misma Google han encontrado la forma de decirles que no, porque tienen mucho, muchísimo dinero.

Lo realmente novedoso en el caso de Mangas Verdes es que, por primera vez en la historia de la humanidad, un empleado del staff de Google, probablemente humano y con un ADN parecido al de todos nosotros, se comunicó con un editor para encontrar una solución a un problema. Lamentablemente, no hubo ninguna. Google quería sacarse de encima a Aaron Greespan y, contrariamente a lo que quiere vendernos la prensa, ganó. Google quería conservar a Mangas Verdes, pero no pudo. Muy triste. “Phlebas el Fenicio, ya quince días muerto, olvidó el grito de las gaviotas, el hondo oleaje del mar, la ganancia y la pérdida”. Música de Eliot para terminar. Esta clase de finales sólo ocurren en el Blog de Videastudio. Piensen un poquito. ¿A qué clase de anunciante, con muchísimo dinero, le podría molestar la inocente exhibición multitudinaria de unas cuantas tetas? Nunca lo sabremos, pero lo podemos imaginar.

Tags: , , , ,

Esta entrada fue publicada el 10 03 2009 a la hora 3:04 am en la categoría AdSense, Comunicación y Lenguaje, Google, finanzas. Puede seguir cualquier respuesta a esta entrada a través del canal RSS 2.0 Puede dejar una respuesta , o hacer trackback desde su sitio.

Entradas por orden de aparición


2 respuestas a “Entre la ganancia y la pérdida”

  1. volquete Dice:

    Pero demas esta decirte que interesante!1 sinceramente no puedo creer que aun en estos tiempos tengamos que soportar censura una palabra que deberia ser un recuerdo para toda la humanidad.
    Y señores monopolio (lease google) simplemente dejense de joder!!!!

  2. venta casa country Dice:

    el gran hermano no parará por nada - vaya a ssaber a lo que nos va a acostumbrar en los proximos años.

Deje una respuesta

Entradas recientes

Otros artículos, notas y secciones

Entradas posibilemente relacionadas o no, nunca se sabe:

Categorías:

Glosario

  • Reciba las novedades de este blog en su navegador o agregador

    Suscripción RSS: 1827 suscriptores desde el 01/03/2009