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Hoy estamos prácticamente todos de acuerdo en que las democracias son, por lo general, mejores que las dictaduras. Ni siquiera es necesario pensar en una dictadura sangrienta como la última que tuvimos en Argentina; la supresión de los derechos fundamentales jamás puede ser algo bueno, aunque ello no significa necesariamente que las democracias garanticen estos derechos por sí solas.
Sin embargo, hay que desmistificar a las “democracias” actuales como si fueran la panacea ya que, en su mayoría, como algunos ya lo han advertido, no pasan de ser oligarquías disfrazadas. Es decir, el gobierno de unos pocos para otros pocos que a través de sus representantes no representan a nadie más que a ellos mismos. Para mantenerse en el poder, estos grupos, formados por clanes que pueden rastrearse hasta por lo menos dos siglos atrás en su origen, la cretinada política internacional se ha encargado de propagar dos conceptos falsos, absorbidos casi sin cuestionamiento por las masas:
1) Los pueblos tienen los gobiernos que se merecen.
2) La democracia es el sistema de gobierno más perfecto.
La falsedad de la primera afirmación es evidente y no necesita mayores comentarios, como no sea que ha sido inventada por un grupo que necesita justificar sus fechorías mientras roba los dineros, la felicidad y el futuro de los pueblos: hace más de veinte años que hablan del calentamiento global y hace más de veinte años que lo producen.
En cuanto a lo segundo, afirmar que la democracia es el sistema de gobierno más perfecto o, como suelen decir a menudo nuestros próceres, “un mal necesario”, la lógica utilizada no es mucho más inteligente que la de “el que no salta es un inglés, el que no salta es un holandés, etc.” en un partido de la selección de fútbol. Nadie duda de que una democracia es mejor que una dictadura, pero no deberíamos ser tan necios e ignorantes como para creer que los romanos inventaron todo lo que dejaron a medio hacer los griegos y que la evolución de las ideas sobre el estado haya muerto y no requiera tanta investigación como cualquier otra rama de la ciencia.
La anarquía, entendida idealmente como la ausencia de gobiernos en una sociedad donde cada uno se gobierna a sí mismo, es por razones obvias impracticable en un mundo como el nuestro pero, si duramos tanto, podría ser aplicable en unos pocos miles de años. Mientras tanto, deberíamos retornar a los orígenes y releer a Platón, especialmente La República, para tratar de entender por qué éste consideraba a la democracia un sistema de gobierno tan imperfecto como las tiranías, y proponía como deseable el gobierno de los mejores, lo que él llamó, en buen griego, aristocracia.
No es de extrañar por qué el signficado de aristocracia ha sido deformado y falseado a través del tiempo para hacernos creer que es algo malo. Se trata de la misma clase de manipulación retorcida de quienes afirman que los pueblos tienen los gobiernos que se merecen.
Los pueblos no tienen, por lo general, los gobiernos que se merecen, y no será fácil negarle la razón a Platón, tan ignorado y ausente en nuestros días, cuando afirma que merecen el gobierno de los mejores. Que no son, por cierto, los que solemos ver por TV todos los días.
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Esta entrada fue publicada el 5 06 2009 a la hora 4:29 pm en la categoría Videastudio. Puede seguir cualquier respuesta a esta entrada a través del canal RSS 2.0 Puede dejar una respuesta , o hacer trackback desde su sitio.




















Entre la “madre real” y la “madre ideal” siempre hubo y habrá un abismo. A la madre ideal uno la anhela; a la real, generalmente se la padece. Por más santa que ésta sea, siempre será una madre idealizada y a la corta o a la larga, tarde o temprano, uno deberá pagar las consecuencias.
En mi país a esto se le llama “karma”.
Lo mismo sucede entre el gobierno ideal y el real; las democracias reales o posibles, ficticias o imaginadas. Cuando dejemos de confundir “al otro” con “lo otro” (sujeto con objeto), puede que algo comience a cambiar; mientras tanto, ahí estará la frase para recordárnoslo, y habrá que conformarse con verla delante nuestro cada vez que abramos los ojos y comencemos un nuevo día.
Por eso creo que hasta que uno no entienda que los errores que vemos son los errores que proyectamos, y que “el que las hace, las paga” (karma puro, mi querido; ley de causa y efecto), nos guste o no nos guste, nos parezca retrógrada o no, la frase “Los pueblos tienen los gobiernos que se merecen”, es sincera y contundente. Y hay que “hacerse cargo” y dejar de hacerse el “progre” a la sans façon o llorar por los rincones en lugar de poner el pecho y batallar por una democracia verdadera.
Dicho de otro modo, los pueblos padecerán tantos Pinochet y Franco como tantos Bush y Cía. como su karma se lo acredite; hasta que no aprendan el valor de una democracia “representativa” y “responsable” (esa en la que todos nos hacemos cargo por lo que hacemos y decimos, y también por lo que callamos y dejamos de hacer); y hasta que no aprendan que estas democracias son puro bluf, puro dibujito animado. Y algunas, inclusive, son tan mierda como la peor de las dictaduras… en donde el “todo vale” es la regla, y un ladrón entra por una puerta y sale de la mano por la otra con un violador, un estafador y un asesino…
Todo es cuestión de privilegios. Y mientras los jueces sólo se miren el ombligo, las cosas no van a cambiar.
El agua que no fluye se estanca, y el agua que se estanca se empantana, crea putrefacción, y contamina el ambiente. Lo mismo sucede con el espíritu de los pueblos cuando se empantanan. Se pudren… y pudren todo lo que se les relaciona.
Cuando uno pueda decir y hacer lo que se le cante, “siempre y cuando no joda al prójimo ni sea por éste jodido”, ahí entonces esa frase dejará de tener sentido; pero mientras tanto, será como nuestra sombra o nuestro mal aliento. Si es retrógrada, habla por nuestra parte retrógrada. Si es cholula, habla por nuestra parte cholula. No es su culpa ser fea, tonta y mala, es nuestra culpa que aún tenga sustento. Ella es sólo una frase, somos nosotros la que le damos cuerpo desde nuestro egoísmo y nuestra hipocresía.
Las dictaduras son más el producto de nuestras ausencias que de nuestras presencias; de nuestras mentiras más que de nuestras verdades; y si a veces es preferible un buen desarreglo a un mal arreglo, otras, es preferible un dictador al que se le ve la cara que a una democracia que no la da, y nos tiene rehenes de un sistema parlamentario que sólo defiende los intereses de clase de las minorías privilegiadas.
¿Capisce?
Info sobre elecciones en Argentina el 28 de junio de 2009, por partidos, plataformas y provincias: http://argentinaelections.com/