Los argentinos siempre hemos estado a favor de la libertad de expresión. Claro, siempre y cuando no sea la libertad de expresión de nuestros enemigos.

Es cierto que Rosas, o sea el peronismo, censuró a la prensa. No menos cierto que su probervial enemigo Mitre, o sea el grupo Clarín, censuró a Rosas de los libros de historia. Después por suerte llegaron Pergolini y Felipe Pigna, (y también Felix Luna, y muchos otros), para desempolvar los libros y contarnos la verdad, o parte de la verdad, porque el tiempo en la televisión es tirano (!). Pergolini se fue de la TV enojado diciendo que éramos todos unos tarados, pero que el más tarado era Tinelli. Pigna ahora está merecidamente en The History Channel: es bastante lógico, lo raro hubiera sido verlo ahí a Tinelli, entre los dinosaurios, bailando. Saldías -una especie de Jorge Lanata o Jorge Rial de la antigüedad, según como se vea- ya había intentando hacer lo mismo, desempolvar los libros de historia, pero tuvo dos obstáculos: primero, no existía la televisión, ni siquera la radio. Segundo, el mismo Mitre, que era su maestro, le dijo que se olvidara, que Rosas no existía. Saldías veneraba a su maestro, pero sentía una afición patológica por enterarse de la verdad y escarbar donde no debía: no le hizo caso.
200 años no son nada…
Se acerca el Bicentenario.
Esto se pone bueno.
Preparen los choripanes.

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Esta entrada fue publicada el 19 09 2009 a la hora 2:02 am en la categoría Argentina, Comunicación y Lenguaje, censura. Puede seguir cualquier respuesta a esta entrada a través del canal RSS 2.0 Puede dejar una respuesta , o hacer trackback desde su sitio.

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