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Prácticamente al mismo tiempo que Sandro, el líder de U2 nos abandonó para siempre. A diferencia de Sandro, que murió en justa ley, siempre fiel a si mismo, respirando con dificultad tanto cuando bailaba como cuando moria, Bono murió de la peor manera, pegándose un tiro en su columna dominical del New York Times, símbolo de una larga decadencia, quitándose la máscara y acribillando uno por unos los ideales que supuestamente defendía. Ya habíamos vaticinado hace algunos años -en una nota sobre los Wingmakers- que Bono iba a terminar mal si seguía participando en esas cumbres que celebran los países “desarrollados” – la lacra de millonarios que no saben qué hacer con su dinero- y cuando lo veíamos susurrándole secretos a Bill Gates en la oreja. Y lo que le dijo en secreto ahora es propalado desde las azoteas: Bono no quiere que la gente descargue música de internet, y le horroriza que, según él, por causa de “las inmutables leyes de la banda ancha” (tan inmutables como sus principios y conocimientos de informática) en pocos años la gente descargará en 24 segundos todos los capítulos de la serie 24, serie de por sí bastante acelerada (aunque visualmente sea admirable, conceptualmente es pura propaganda a favor de la “guerra antiterrorista” de Estados Unidos) y, horror de horrores, podrá hacerlo gratis. Sin dejar una duda acerca de su avaricia, su iracundo corazón de billete raído no le permitió articular bien el silogismo e invocó un argumento doblemente malo: la lucha contra la pornografía infantil en Estados Unidos y el sofocamiento de voces disidentes en China demuestran que “es posible rastrear” las descargas. Traducido: los gobiernos deben invadir la privacidad de los ciudadanos y meterles miedo con el solo fin de salvar a la industria cinematográfica de la muerte que internet ya asestó a las discográficas. Dicho, casualmente, mientras prepara otra película autobiográfica. Pero como los avaros nunca están satisfechos, le puso una cosigna a su cruzada y llamó a “defender la economía más creativa del planeta”. Así llama ahora el irlandés Bono a la economía más insensible y criminal del planeta, que fabrica enemigos en cualquier país donde haya recursos estratégicos que le interesan para luego invadirlo y masacrarlo. Cómo puede cambiar la gente de un post a otro.
Pese a este triste ejemplo de fracaso humano, la lección que nos deja es alentadora. Poco a poco, lentamente, a pesar de las malas mentes y las malas artes que dirigen el mundo, internet nos está liberando de nuestros opresores y ellos lo saben. Llegará el día que no los necesitemos.
Brindemos por ese día y por la justa muerte de un grande, que se volvió pequeño y miserable para alumbrar el camino de los hombres libres.
Grandísimo cretino.
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Esta entrada fue publicada el 5 01 2010 a la hora 3:08 pm en la categoría censura, música. Puede seguir cualquier respuesta a esta entrada a través del canal RSS 2.0 Puede dejar una respuesta , o hacer trackback desde su sitio.




















No lo puedo creer, es en serio?, me acabo de enterar!, pero cuando???
Cómprenle muebles al sujeto porque tiene un gran sentido del humor.
jajaja la broma esta genial, pero porque escogiste justamente a Bono? yo habria escogido al baboso de Al Gore