¡Qué buena idea tuvo Cristina al traer a Tutankamon al país! La maldición no se hizo esperar. Primero la mató a ella, luego a su marido Néstor, y finalmente a cada una de las estrellas -enanas blancas y supergigantes rojas- de la rutilante constelación política argentina. También, por desgracia, barrió con todos los periodistas consagrados y aprendices de bloguers que escribían artículos estúpidos sobre el tema.
Carrió profetizó su fin cinco segundos antes de morir -”ya van a ver, ya van a ver, me voy a morir” -y se murió; Juez dijo “nunca esperé que el Tuta me hiciera esto a mí, que lo vengo estudiando desde primer grado, robarme la reelección”, y se murió; Macri intentó privatizar a la momia y murió; Cobos estaba entre que se moría y no se moría, levantó la mano y murió…El único que no murió por culpa de la maldición fue Menem, quizás porque le cayó bien a la momia; pero a los cinco minutos, mientras se daba un atracón festejando la derrota final de sus colegas, se atragantó con un carozo de aceituna y siguió el camino de los demás . Un espectáculo lamentable, como de costumbre, pero por suerte había sido el último.
Sentí un frío a mis espaldas -no encuentro mejor forma de expresarlo que plagiando a La Renga -y supe que el venerable maestro bloguer había entrado descalzo, seguramente para no hacer ruido, vigilar mis actos de cerca y de paso cañazo comprobar si el piso estaba bien encerado. Me apresuré a borrar lo que había escrito antes de que lo leyera y me golpeara.
Pero de nada sirvió. Valiéndose de su milenaria sabiduría, apretó una combinación de teclas que jamás hubiera sido capaz de adivinar -algo así como Ctrl+Z, si mal no recuerdo – y haciendo aparecer todo lo que había borrado, lo leyó y movió tristemente la cabeza, aunque con ritmo de hip-hop.
-Usted no puede quitarle al pueblo lo que más quiere-dijo.
-No los quieren, los odian, ¿no oyó hablar del divorcio entre la clase política y la sociedad?
-No sea idiota -replicó-, no compre verdura podrida, que hace mucho que no llueve. El pueblo necesita alguien a quien odiar y echarle la culpa. Por eso los reeligen, para que la historia se repita.
-Espero que esté equivocado -respondí-. Pero déjeme ser feliz cinco minutos e imaginar cómo sería el mundo sin estos delincuentes.
-Bueno -dijo el maestro-. Venga.
Caminó hacia la ventana y lo seguí. Tiró de una cuerda que no pude ver y todo el entramado de cañas que formaba la persiana tintineó, la habitación se llenó de luz, me restregué los ojos y miré. Abajo se veía la ciudad, como de costumbre. Había mucha gente y estaba lo suficientemente sucia: debía ser real. Pero parecía reinar una extraña quietud.
-Parece que todo sigue igual -observé-. ¿Borramos a todos los políticos del mapa y nada cambió?
El venerable maestro bloguer me tomó por las solapas y me acercó más a la ventana hasta que choqué la nariz contra algo que parecía vidrio por la consistencia, pero que no se veía.
-Preste atención y dígame qué ve.
- Acá hace tiempo que no pasa el basurero…Medio kilo de helado nueve pesos…Maradona campeón…, Pescadería del senado…oh, parece que le encontraron una utilidad al edificio…, los cien peores de no sé qué…, Blog de Videastudio…
Por un momento me quedé helado y no pude evitar lanzar un bufido de satisfacción: -Quién lo hubiera dicho, ¿no? – y sentí que me faltaba el aire, porque el maestro me apretujaba el cuello intentando asfixiarme.
-Concéntrese en lo importante, imbécil .
Poco a poco fui recuperando el aire y seguí mirando y describiendo lo que veía.
- Cuántas caras largas… Parece que estuvieran todos a punto de llorar. ¿Es porque no tienen a nadie más para echarle la culpa?
-No sea ingenuo, siempre hay a quien echarle la culpa. ¡Preste atención!
Tras unos minutos logré enfocar mejor y vi que toda la gente llevaba una especie de prendedor en el cuello.
- ¡Están guardando luto!.
-Sí -dijo el venerable maestro bloguer- quizás uno de ellos sobrevivió, o tal vez el gen argentino contiene esta clase de substancias -digamos, porquerías-, pero alguien se las ingenió para reiniciar toda la manipulación, y le aseguro que el método no es nuevo.
-¿No?
- La técnica ya la practicaban los antiguos sacerdotes egipcios, que además eran astrónomos y sabían cómo utilizar la estrella Sirio para predecir las crecidas del Nilo, pero mentían al pueblo que estaban en comunicación directa con los dioses. Como la economía de Egipto dependía de las crecidas, el dominio y el poder estaban asegurados. Súmele a esto que fueron los primeros en practicar exitosamente una selección genética, de modo que el hijo de un faraón fuese físicamente idéntico a su padre, creando una impactante ilusión de inmortalidad.
-Qué basura-dije-, pero comparándolos con los de ahora, hay que sacarse el sombrero.
-Así es, molestan menos por su poca decencia que por su falta de estilo.
-Le pido mil disculpas -dije al maestro-. De haber sabido que no se morían, no los hubiera matado.
En ese momentó entró Edipo, el ayudante de cátedra del maestro, se subió a la mesa, comenzó a leer y al cabo de unos párrafos golpeaba rítmicamente con las patas delanteras sobre el teclado, desternillándose de risa.
-Está bueno -me dijo- pero le faltaba un gato. Y vos -dirigiéndose al venerable maestro bloguer, amablemente-: ¿En qué pensás? Entiendo que están todos confundidos y de mal humor con esto del cambio de horario, pero ya es la hora de mi balanceado.
Tags: cristina, edipo, egiipto, momias, política, tutankamón
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Esta entrada fue publicada el 26 11 2008 a la hora 5:27 am en la categoría Escuela de Bloggers. Puede seguir cualquier respuesta a esta entrada a través del canal RSS 2.0 Puede dejar una respuesta , o hacer trackback desde su sitio.



















